Mi estudiante: contexto y dialogo.


Una de las preocupaciones que me asaltan es el papel que juega el estudiante dentro del proceso de enseñanza – aprendizaje. El modelo educativo que utilizamos está ideado para que el docente se el centro de dicho proceso. Gran equivocación. El centro de enseñar y aprender es el estudiante, o si se quiere, una unidad entre docente y estudiante. Comparto la propuesta de Freire (2004): la educación debe ser humana, con la participación de un docente humano y de un estudiante humano.

Parte del estudiante humano es su entorno humano. En ciudades como Bogotá, el docente desconoce el contexto geográfico, social y familiar inmediato del estudiante. Nuestra labor docente debería estar enfocada en salirnos de las cuatro paredes del aula y convertir la educación en algo valioso, práctico y aplicable para el estudiante. El aprendizaje se da dentro de la vida real y no sobre ideas voladoras.

Me parece muy importante dos puntos que toca Freire (Freire, 2004) respecto al tema educación humana: saber escuchar y saber dialogar. Es interesante reflexionar cuanto tiempo dedicamos a escuchar a nuestros estudiantes. Levantamos la voz cuando algunos estudiantes no nos dejan dictar la clase porque están hablando, allí afloran los imperativos: “Cállese”, “haga silencio”, “respéteme cuando estoy hablando”, “deje escuchar a sus compañeros”. Queremos tener la atención de todos los estudiantes, pero no prestamos nuestra atención a lo que ellos quieren decir, y quieren decirnos. Tal como menciona Freire, nos dedicamos a hablar a, en vez de hablar con.

Si no podemos hablar con un estudiante, menos podemos dialogar con él. Pareciera que el estudiante no es digno, ni está a la altura, para hablar con el maestro. Recuerdo docentes que me enseñaron muchas cosas, pero recuerdo más a los que me enseñaron a ser persona. Nuestros estudiantes aprenderían más si dialogáramos con ellos, no si les hablamos a ellos.

Un abrazo.

John Anzola.


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